lunes, 11 de abril de 2011

Homenaje al profesor Carlos Böker

REFUGIO DEL ALMA
                                        Por Elizabeth Campos  

Vivir cerca del cielo -por elección de vida-  es encontrar el paraíso perdido que todos abrazamos en la niñez, reencontrarlo nuevamente es una experiencia mágica.

                                                                                        
La clase de cultura sería en Valparaíso, fuera del aula vespertina, con luz natural y finalizaría en casa del profesor en Viña del Mar ¡excelente idea! Ocasión para apreciar la cultura del puerto, su gente, sus formas de vida.

Suena el despertador, me levantó rápidamente, la curiosidad por descubrir cosas nuevas me motivaban a estar en el lugar señalado. Son las 9 de la mañana,  ya esta Manuel, quién me saluda con el encanto de siempre,  luego aparece Macarena, que casi pasa de largo y finalmente Jessica, siempre sonriendo, pregunta: ¿Donde están los otros?...  y comienza una seguidilla de llamadas a celulares. Yo sólo observo. Hay preocupación y un sentimiento común de desesperanza. Después de  esperar una hora en el terminal de Santiago, decidimos partir los que estábamos ya que hay responsabilidades que cumplir y nos espera el profesor en Valparaíso. Situación incomoda y molesta a la vez, por el valor que representa el tiempo y el  espacio del otro. Disimulamos nuestro malestar con sonrisas nerviosas, no es tiempo de reflexionar por los hechos, sino de experimentar, descubrir espacios, situaciones y personas.

El tiempo de viaje se hace corto y Valparaíso nos sale al  encuentro con un día gris y nublado. Buscamos al profesor en la feria de cachureos de la plaza
O’ Higgins. El pasado se revela en cada objeto que representa historias pasadas: planchas a carbón de todos los tamaños, relojes de bolsillo, lámparas, maquinas fotográficas, botellas, envases de bebidas, libros, revistas,  fotografías  en blanco y  negro, colección de discos antiguos ¡33 y 45 revoluciones, explicaría un entendido!  Jarrones, loza (…) es como viajar en el tiempo.

Luego recorrimos las calles de Valparaíso con sus bellas construcciones que se mantienen como recuerdo de épocas más esplendorosas.

Desde allí nos dirigimos hacia el ascensor vertical cruzando por una larga “feria Persa”, donde se mueve el mercado de la oferta y la demanda: muebles, ropa, zapatos usados, bolsos, artículos de plástico, puestos de frutas, verduras y cebollines. Un lugar ampliamente visitado por la gente del puerto, niños, coches y perros… muchos perros.

Llegamos al ascensor Polanco tras cruzar un largo túnel de cemento, bien conservado e iluminado, que culmina en este transporte que nos llevaría al mirador. Desde lo alto apreciamos toda la ciudad ¡corre un viento frío! … luego descendemos por sus interminables escaleras de piedra, con gatos que duermen en las ventanas y pequeños almacenes de barrio.

Es hora de almorzar y nos dirigimos al mercado. El olor a pescado, mariscos y empanadas de loco, nos invita a comer y disfrutar de una coloquial charla con la que finalizamos nuestra visita al “puerto principal”.

Desde ahí a Viña del Mar, con sus jardines de flores y nuestro último destino, la “casa del profesor Böker”. La tarde es cálida,  ya no corre viento y un colectivo nos conduce hasta el final de los cerros.

  
Emplazada en un barrio común, de calles pavimentadas y construcciones sólidas, escondida entre el cerro y los árboles, parece una casa que no se distingue del entorno que la rodea. Traspasando una reja ascendemos por una escalera y luego otra, como en un laberinto de la naturaleza. En medio de una exuberante  vegetación, una pequeña  casita. Desde sus ventanales se puede observar en su interior, una colección de barcos de todos los tamaños ¡primer refugio: mis tesoros!


Entre fuentes de agua y el canto de pájaros, descansando en el jardín, se puede observar el ocaso. ¡Segundo refugio: contemplando la naturaleza!

Al traspasar el dintel de la puerta, lo primero que se observa es una cocina de campo, bien decorada, rodeada de ventanales que reciben la luz natural y … dos grandes perros, que por su tamaño, obligan a retroceder. Se aproximan, huelen y dan el pase para continuar. La cocina comunica con un comedor de cuentos ¡maravilloso!. La luz se expresa en infinidad de tonos. Son los colores trasmitidos por los hermosos vitrales que cubren ventanas y el cielo. Es una sinfonía de sensaciones visuales únicas. ¡Tercer refugio: contemplar, compartir, socializar !


Luego, descendiendo por una escalera de caracol, rodeada de flores y el verde de la naturaleza en espacios cuidadosamente diseñados, se accede a un cuarto con fuentes de agua, luz y el color de más vitrales. Es un rincón cuyos  cómodos sillones crean un ambiente que invitan al relajo ¡Cuarto refugio: silencio, belleza, sentimientos!


Un nuevo ascenso y … ¡maravilla! Parece que se ha visto todo y se descubre
una biblioteca, con espacios para la lectura, bellos detalles en adornos, colores, sillones y libros, muchos libros de periodismo y fotos familiares ¡Quinto refugio: silencio y soledad!


Finalmente se accede al último piso. Es la gran biblioteca. Ahí se percibe la creación misma. Cada espacio está cuidadosamente diseñado, rodeado por ventanales, que permiten luz natural y vitrales, en forma de pavo real. Todo circunda a una chimenea, sillas, sillones y mesas que invitan a la compañía. Aquí se respira belleza, creatividad, libros de arte, historia, pinturas,  baúles, muebles, mármol, iluminación indirecta con lámparas, adornos, recuerdos, cajitas de madera. Se mezclan rincones para lectura y para soñar,  crear y reflexionar ¡Sexto refugio: belleza, creatividad y cultura!






Ha llegado el momento de partir y la nostalgia nos invade. Cómo poder expresar con palabras nuestro agradecimiento. Ya no lo vemos como el profesor de cultura, sino que un hombre que amablemente nos ha develado su hogar, sus tesoros y nos ha dado un testimonio de la historia de su vida.            

Este ha sido uno de esos espacios que deseas retener por mucho tiempo, pero…  ¡Cada momento es único e irrepetible y éste fue uno de ellos!


1 comentario: